ACEBO

 era sagrado para los druidas, que aconsejaban meterlo en las casas como protección contra hadas y duentes, y aún hoy se usa con este fin. En la mitología celta, el Hombre Verde pudo proceder de un personaje mucho más antiguo, el Rey del Acebo. Los romanos los asociaban al dios Saturno, y celebraban las saturnales durante el solsticio de invierno, en lo que luego sería la Navidad cristiana.