«Edén» es una palabra hebrea de origen sumerio edin que significa «planicie», o «lugar plano más allá de las tierras cultivadas». El uso de la palabra en el Génesis parece indicar más bien a una región geográfica, mientras que el Paraíso se refiere al huerto «al este» en esa región. Sin embargo, después se le llama “el jardín de Edén”, y en textos posteriores se le denomina “Edén, el jardín de Dios” y “el jardín de Yahveh”.
Es descrito como un parque en que los árboles y las plantas de toda especie que embellecían el paisaje proveían alimento en amplia variedad. También que Dios puso ante Adán “todos los animales domésticos y… las criaturas voladoras de los cielos y… toda bestia salvaje del campo”. Las aguas del río “que procedía de Edén” regaban el suelo de Edén. El hecho de que el hombre estaba desnudo permite suponer un clima cálido y agradable.
Anteriormente se propuso una relación con el término sumerio edin que aparece en escritura cuneiforme y significaría llanura no cultivada, pero ahora se prefiere su relación con una raíz aramea que significa «bien regado, fructífero»
Relación entre los Edenes bíblico, sumerio y mesopotámico
Del mismo modo que sucede con la historia bíblica del Diluvio universal, y la historia de Gilgamesh de la Mitología sumeria, se pueden encontrar puntos en común, así como la influencia de mitos anteriores en la historia bíblica de la creación del Hombre.
Así, en el Enûma Elish (poema babilónico que narra el origen del mundo), se menciona que el mundo fue creado en 7 días, y que comenzó con un jardín; siendo el mundo creado por Tiamat (una diosa babilónica con forma de serpiente gigante).
En el mitología sumeria, más específicamente en el Mito de Enki y Ninhursag, el dios sumerio Enki cedió una costilla para crear a la diosa Ninti. Igualmente en la mitología sumeria, en unas tablilla cuneiforme encontrada en Nippur se habla de una tierra pura y brillante que no conocía la enfermedad ni la muerte. En este pacífico reino el rey de las aguas, Enki, hacía que el agua dulce permitiera crecer un frondoso jardín. Aquí fue donde se menciona que el dios Enki creó a los seres humanos y en un lugar donde el hombre podía vivir sin miedo a los animales, un lugar sin terror; pero posteriormente Enki descubrió que los humanos tenían un comportamiento inadecuado, y por ello los expulsó de este paraíso. Así en el poema de Gilgamesh la diosa Aruru (Ninhursag) asistió a Enki en la creación de la especie humana: este le ordenó a su madre Nammu, que formara al hombre de “la arcilla que está encima del abismo”. Igualmente en la mitología egipcia, el dios Khnum da forma al cuerpo de los seres humanos a partir de barro en una torneta de alfarero.
En la historia de Gilgamesh, posteriormente además se describe cómo Gilgamesh busca el secreto de la vida eterna, encontrando el fruto del árbol de la vida, el cual le es arrebatado por la serpiente. Igualmente relacionado con el mito de la serpiente bíblica y los Árboles del conocimiento del bien y el mal, y el de la vida, encontramos igualmente el mito sumerio de la deidad Ningizzida, a quien se le conocía como el o la «Señor/a del árbol de la vida», y que era descrita a veces como una serpiente con cabeza humana.
En los archivos de El-Amarna, como en la biblioteca de Asurbanipal, se encontraron fragmentos del relato del primer hombre «Adapa», nombre fonéticamente similar al Adán hebreo. Adapa habría arrancado las alas a un demonio del aire en un momento de furia, por lo que Anu, el dios del cielo lo llamó al cielo a rendir cuentas. El dios Ea, padre de Adapa, comprendiendo el peligro le advirtió que no comiera ni bebiera nada. Pero Anu se apaciguó al verlo y le perdonó. Ordenó a sus servidores que le dieran del pan y el agua de la vida eterna, pero Adapa, ya advertido, se negó a probarlos. Enfurecido Anu le expulsó, y así Adapa, por un malentendido perdió la oportunidad de la inmortalidad.
En el arte asirio y fenicio es muy recurrente la escena de los querubines o espíritus protectores custodiando el árbol de la vida en la figura de la palmera datilera, tema que también es descrito en la Biblia como adornando el templo de Salomón.
«La famosa serpiente del supuesto jardín de delicias, no quiere significar otra cosa en el texto egipcio de Moisés que lo que Geoffroy Saint-Hilaire acaba de definir (la atracción de sí para sí mismo): Nahash, la atracción original cuya expresión
jeroglífica era una serpiente dibujada de cierto modo. »El nombre Haroum, al que el legislador de los Hebreos hace que siga el hierograma precedente, es el famoso Hariman del primer Zoroastro, y significa el entrenamiento universal de la Naturaleza naturada que origina el principio precedente» (Saint-Yves d‘Alveydre,Mission des Juifs.)
«En cuanto al imaginado Edén, véase lo que quiere expresar el texto hermético de Moisés, sacerdote de Osiris:
»Gan-Bi-Heden, residencia de Adán-Eva, significa el Organismo de la Esfera Universal del Tiempo, la Organización de la Totalidad de lo que es temporal.
»Los famosos ríos en número de cuatro en uno; es decir, que forman un cuaternario orgánico, no se refieren al Tigris y al Eufrates, ni más ni menos que al Tíber, al Sena o al Támesis, porque, lo diremos otra vez, los diez primeros capítulos del Génesis, componen una cosmogonía y no una geografía.
»Por consecuencia, esos supuestos ríos, son en realidad otros tantos fluidos universales, que partiendo de Gan, la Potencia orgánica por excelencia, inundan la Esfera temporal, Heden, el Tiempo sin límites de Zoroastro, situada también entre dos Eternidades; la una anterior Kaedem, y la otra, posterior a Ghólim. (ídem, obra citada).
