Cuentan que al principio del tiempo…
…había tres hermanas que tejían.
No hablaban.
No pedían.
No descansaban.
Sólo tejían.
Un hilo para cada ser nacido.
Un nudo por cada amor perdido.
Un remiendo por cada caída.
Sus dedos no dudaban nunca.
Sabían cuándo hilar fino.
Cuándo cortar.
Cuándo dejar suelto.
Tejían la vida de todos.
Menos la suya.
La suya era silencio.
La suya era tejer.
La suya era sostener.
Una vez, una estrella bajó al telar.
Y les preguntó:
—¿Por qué no tejéis para vosotras?
La hermana mayor respondió sin voz:
—Porque alguien debe recordar
que no todo lo invisible es ausencia.
Desde entonces…
Cada vez que alguien teje en silencio,
el mundo respira.
Y el destino agradece.
